Lo encontre sentado en su taburete, en el centro de la habitacion, postura que en el denota generalmente cierta energia mental. Al entrar yo, dijo inmediatamente, como si la pregunta husiese estado aguardando de sus labios:
-¿Que piensa usted?- pregunte.
Tardo un momento en contestar, pero miro en torno suyo, arriba y abajo, como si esperase encontrar inspiracion para contestar:
-¡No quiero almas! -dijo en un tono debil, como de excusa.
Esta cuestion parecia obsesionarlo, asi que decidi aprovecharme, "ser cruel para ser amable". Y le dije:
-A usted le gusta la vida, y es lo que quiere.
-¡Ah, si! La vida es buena, y no plantea problemas.
-Pero, ¿Como podemos tener vida, sin tener alma tambien? -pregunte.
La pregunta parecio dejarlo perplejo; de modo que prosegui:
-Sera divertido, ir volando por ahi, con las almas de miles de moscas y de arañas y de pajaros y de gatos borboneando y gorjeando y maullando a su alrededor. ¡Se ha comido sus vidas, y ahora debe cargar con sus almas!.


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